Pony Island – Análisis

Podría ser un juego sobre adorables ponis corriendo en un verde prado. Casi seguro que es un juego de aventura donde un valiente poni recorre un mapa en busca de desafíos. O quizás es la plegaria de un alma atrapada hace cientos de años en un infierno binario. Bienvenidos a Pony Island.

Introducción Esto no es una introducción

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Enfrenta batallas épicas

Hay ciertos lugares comunes que se repiten en el mundo de los videojuegos al igual que en otras ramas artísticas. El más corriente es “ya está todo inventado” o su contracara, casi desafiante, que dice: “¿Qué más se puede inventar?”. Las desarrolladoras independientes son quizás quienes más sufren estos estigmas, debido a que generalmente con un presupuesto acotado deben lograr la atención de la mayor cantidad de gente posible. Irónicamente, el público no le exige originalidad a las factorías que nos inundan de juegos todos los años sacando secuelas y más secuelas. En medio de esta paradoja, quienes estamos atentos a la industria somos testigos de la caída y el ascenso de muchísimos estudios indie, que muchas veces enfrentan la injusta posición de triunfar o morir en el intento. El caso de Pony Island, un juego creado, desarrollado y publicado por una sola persona, Daniel Mullins, es el mejor ejemplo de una idea arriesgada que termina triunfando. La premisa nació en una jam de programación en el año 2014, donde este joven se imaginó un juego dentro de otro. Más precisamente, un juego de plataformas que en verdad tiene un trasfondo extraño, que involucra programación, meta-referencias y satanismo. Todo, por supuesto, bajo la fachada de un simpático poni.
¿Cuál es entonces la verdadera trama de este juego? Involucra a un viejo arcade que sirve como purgatorio. Allí dentro, miles de ánimas agonizantes sufren un infierno de repetición que consiste en jugar una y otra vez Pony Island, un juego programado por el mismísimo Lucifer. La mayoría de las almas se rinden y terminan sucumbiendo ante la hostigación infernal, aunque hay unas pocas que vienen luchando hace cientos de años para no ser absorbidas por el demonio. Nuestro jugador -un caballero cruzado asesinado por el 1.200 D.C.- tomó conciencia de su situación y junto a otra alma rebelde lleva a cabo una conspiración para romper el juego desde adentro y finalmente ser libres. ¿Demasiado extraño? Es sólo el principio.

 

El mejor peor juego del mundo de ponis

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Equipado para la batalla

Desde su pantalla inicial, Pony Island nos demuestra que es un juego que no quiere ser jugado. Tendremos que sufrir con menús rotos, funciones que no tienen salida y miles de errores que nos obligarán a pensar nuestros movimientos más de una vez. Hay varias capas para analizar, que se encuentran prolijamente entrelazadas durante el gameplay. La primera, obviamente, es la superficie: el juego de plataformas. Controlaremos un poni que “sencillamente” tendrá que saltar y superar obstáculos. Pronto descubriremos que nada es tan fácil como parece y que el juego está programado para el demonio, literalmente. Para no perder el humor dentro de tanto aire sombrío, esta capa incluye varias ironías hacia el género de plataformas y la industria de los videojuegos en general. La elección del pixel art y el diseño de los niveles es uno de los puntos más altos de este título, que rebosa detalles de originalidad y buen gusto.
La segunda capa son los puzzles de lógica, disfrazados como código de programación que tendremos que “romper” para burlar las ataduras que nos impone Lucifer. Este aspecto del juego es curioso y extremo, una decisión estética y de dificultad que realmente nos toma por sorpresa. De pronto un juego casual y divertido se convierte en un complejo acertijo que nos hará exprimir el cerebro en más de una ocasión. La tercer faceta de Pony Island es su historia, que tendremos que desenterrar muy cuidadosamente, casi de manera arqueológica, para entender cuál es la explicación de lo que estamos viendo. Como un “bonus” muy interesante, tenemos las interacciones que realiza el juego con nuestro entorno, rompiendo la barrera de la cuarta dimensión a menudo. No es nuestra intención arruinarle la sorpresa a nadie, pero dentro del universo del juego interviene nuestra PC, el sistema operativo, ¡y hasta nuestra lista de amigos de Steam!. Todos son buenos ejemplos que ilustran lo que mencionamos arriba, sobre una idea original y atrevida que no tiene miedo de arriesgarlo todo.
En cuanto a las mecánicas son simples pero efectivas, sobre todo los niveles de puzzles, donde se resuelve de manera sencilla una idea más que compleja. Si bien al principio cuesta un poco entender cómo funciona, con el correr de los minutos vamos entendiendo la lógica detrás de esos caracteres caóticos. Todo encaja como mecanismo de reloj en esta anarquía visual y narrativa. Los únicos momentos en donde el juego se “rompe” es en las batallas con los jefes, que tendrán su propio sistema al estilo mini-juegos. Estas fluctuaciones en el gameplay hacen que la dificultad también vaya cambiando, provocando sensaciones de alivio o frustración casi continuamente.

 

Conclusión ¿Final del juego?

Pony Island no es un juego para todo público, aunque en su rareza es bastante amigable. Representa un desafío interesante para quienes se atreven a los juegos no tradicionales y buscan nuevas experiencias. No presenta fallas evidentes ni superficiales, aunque quizás lo mejor que tenga este juego también sea lo peor. Como mencionamos antes, es un título que plantea una dualidad que no permite terceras posturas: o se ama, o se odia. Teniendo en cuenta el proceso de desarrollo, su apuesta, su jugabilidad, su osadía, su creatividad, su estética y su capacidad resolutiva, nos quedamos con la primer opción. Recomendamos ampliamente este juego.

Nota sobre el gameplay: Para quienes gustan de disfrutar la experiencia completa de Pony Island, les presentamos el video con el juego entero. Sin cortes y en el menor tiempo posible, lo cual puede servir como consulta o guía ante un puzzle difícil de resolver. No se buscó completar todos los logros ni conseguir todos los tickets. Simplemente es un gameplay orientado a finalizar la historia principal del juego sin ahondar en detalles de la historia ni buscar secretos.

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Acerca de Damián Centrone

Periodista de formación, publicista de profesión, gamer de corazón. Desde el descubrimiento del Atari 5600 a sus tiernos 7 años, sobrevivió batallas épicas, resolvió enigmas indescifrables y exploró inmensos mundos pixelados. Hombre de familia. No toma rehenes.
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