[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo XXIII)

La pantera

Mitos y leyendas abisinios – Al-lat

Un intenso olor se le colaba a través de las fosas nasales, era el olor de la carne fresca antes de ser cortada y mutilada. La presa se acercaba arrogante y soberbia, ignorante de su aciago destino. Pero no era una presa, sino una manada de miles cubierta de cuero y acero, aunque las protecciones y hojas no iban a servir. El valor de la mayoría de los hombres se desvanecía cuando hacía acto de presencia, y aquellos que se atrevían a hacerle frente, no vivían para contarlo.

Sintió una mano pequeña y reconfortante sobre la cabeza. Lo acariciaba, como hacía siempre antes de cada batalla. Aunque su cuerpo era frágil como el de cualquier ser humano, era ágil como una gacela y su olor le era familiar. Desde aquel día en el que se enfrentaron en aquella peculiar estancia, se convirtió en su hermano.

Le dedicó una mirada que fue respondida con una sonrisa y luego su hermano subió al caballo. No iba embutido en acero para no entorpecer sus movimientos. En la mano derecha llevaba su a su otra compañera inseparable, Colmillo. Como no disponía de garras ni dientes, usaba aquella arma larga, ligera y mortífera, con cuyo letal acero podía llegar a sus enemigos antes de que le rozaran.

Frente a ellos se divisaban ya las presas, formando y listos para ofrecer resistencia. Su hermano iba acompañado de su inseparable hombre de pelaje gris, viejo pero robusto y de una manada de hábiles guerreros con jirones de tela bien cortados que ondeaban al galope de los caballos.

Corrió para ponerse al lado de su hermano mientras en el horizonte se vislumbraban los elefantes, aquellas bestias enormes montadas por hombres. Se movían hacia el flanco y desde allí, mientras los dos ejércitos habían comenzado a intercambiar flechas, se dividieron en varios grupos de caza con objetivos claros.

Salivó, su presa también estaba elegida. Corrió adelantando a los caballos a medida que los elefantes se hacían cada vez más grandes ante sus felinos ojos. El animal recibió su avance inquieto, mientras desde la parte superior del mismo trataban de darle caza con flechas. Una tras otra, las flechas se clavaban en la arena húmeda, y sus plumas eran acariciadas por la brisa matutina del Indo.

Llegó a una de las patas del elefante de un salto y notó como sus garras se hundían en la piel mientras el animal profería un chillido ensordecedor y giraba sobre sí mismo tratando de sacudir a su agresor. A la primera garra le siguió la segunda y luego la tercera y la cuarta. No podía dejar de trepar o caería. Por suerte, agarrarse a la carne era más fácil que a la corteza de un árbol, y árboles había trepado miles. Pronto se encontró junto a los dos arqueros que habían intentado darle caza.

En sus rostros se reflejaba un terror indescriptible, pero no fueron capaces de gritar. La bestia negra de ojos amarillos se abalanzó sobre ellos y en unos instantes todo se vistió de sangre y negro para las víctimas.

Al-lat

Alvaro Alonso Flor

Desarrollador de software, licenciado en periodismo y apasionado de los videojuegos. Los juegos de estrategia, generadores de historias y con buena trama son mi debilidad.

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