[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo XX)

Tessema El Audaz

Cuentos populares etíopes – Leyenda de Tessema El Audaz (I)

La siguiente historia que os voy a relatar sucedió hace muchos años en las tierras en las que hoy vivimos. Todo comenzó, como no podía ser de otra manera, con el nacimiento de un príncipe de talentos sobrenaturales.
Se cuenta que podía comunicarse con los espíritus del más allá y que estaba tan acostumbrado a ellos que en su palacio, edificado en sobre una colina en Assab, era habitual verle charlando con ellos. Su lugar preferido era la mística fuente donde de vez en cuando se aparecía un niño que aterrorizaba a muchos. Pero al príncipe, que se llamaba Tessema, no le asustaba. Desde niño se acostumbró a su presencia, entablando gran amistad con la mágica criatura. Pronto se convirtió en su compañero y su mejor amigo.

Sin embargo la tranquilidad no duró mucho. El padre de Tessema, el joven pero respetado rey Saladino, murió a causa de una batalla desatando con ello que su hijo fuera el centro de todas las intrigas y manipulaciones palaciegas. Las distintas esposas y consejeros jugaban sus cartas y usaban el bienestar del joven rey como pretexto para plantear sus reivindicaciones.

Fue entonces cuando Alí, pues así se llamaba el espíritu, decidió involucrarse en los acontecimientos por primera vez en todo su largo tiempo como espectro. Susurró su verdadero nombre a Tessema para que lo pudiera convocar en cualquier momento. Desde ese instante enseñó al joven la historia de sus antepasados y lo educó en el arte de gobernar.

Tras muchas lecciones y años de aprendizaje, Tessema, que se había convertido en un sagaz adolescente a punto de cumplir la mayoría de edad, decidió que era hora de formular una pregunta que durante años le había rondado la cabeza.

-Tú alguna vez fuiste como yo, ¿verdad?-preguntó el joven.

El espectro se limitó a asentir.

-No me refiero sólo a si fuiste un niño, eres de mi sangre ¿verdad?-preguntó seguro de que se encontraría con una respuesta afirmativa.

Por primera vez Tessema vio un esbozo de dolor en el rostro del espectro, como si le costara hablar:- Tengo que pedirte un favor. Encuentra mis restos. Quiero que descansen junto a mi padre, Rahad.

Una vez Tessema hubo alcanzado la mayoría de edad, decidió buscar los restos del único y verdadero amigo en el que podía confiar. Aunque debía enfrentarse a la amenaza de las hordas de francos que en ese momento se cernían sobre Persia, reunir a un ejército no era tarea de unos días mientras encontrar a Alí sí. Después de haber leído los manuscritos de Rahad, Tessema y veinte de sus mejores hombres, incluido el capitán de la guardia real, se dirigieron a la antigua capital de los miafistas tomando los corceles más veloces.

Una vez en el castillo, Tessema ordenó desalojar los calabozos levantar las fosas comunes colindantes. El joven monarca supervisó día y noche estas tareas hasta que dieron con unos huesos y un cráneo de un tamaño inusualmente pequeños, que extrañamente se conservaban como si hubieran sido momificados. Una vez encontrados, colocó los restos en las alforjas y se dirigió aprisa hacia el panteón del palacio. En la puerta del mismo dejó a los guardias para depositar los restos con intimidad. Frente a la tumba esperaba Alí. Su rostro, por primera vez, reflejaba el miedo de un chiquillo.

-Gracias Tessema, desde los jardines del paraíso cuidaré de ti. Recuerda que si la muerte te sonríe, has de pagarle con la misma moneda. Pero no te preocupes, ella tardará en aparecer, y cuando lo haga, nos veremos en lo más alto. Por ahora disfruta de los años de gloria que están por venir, ¡No olvides a tu amigo!

A medida el espectro se despedía, su figura se iba desgajando como una nube hasta que desapareció. La última frase resonó durante unos segundos en la sala, y durante unos minutos solo se escuchaba el crepitar de la antorcha.
Durante estos minutos, frente a la tumba de Rahad, se deslizaba una silenciosa lluvia que manaba del rostro de Tessema.

Aunque triste, Tessema salió de allí reconfortado. Sabía que despacharía a los francos con relativa facilidad. Pero sus ambiciones y aventuras irían mucho más allá: desafiaría el poder del mismísimo califa y llevaría a lo más alto a su dinastía, proclamándose como el primero de los emperadores Abisinios y sentando las bases para su leyenda.

Ali

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Acerca de Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
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