[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo XVIII)

Saladino El Joven

Manuscritos de Saladino

He comenzado a escribir aquí para dejar mis enseñanzas a las futuras generaciones. El nacimiento de Tessema hace que haya pensado más en esta cuestión tan necesaria. Si, Alá no lo quiera, me sucediese algo, he de asegurarme de que mi hijo aprenda de mis experiencias.

Hijo mío, no hay caminos fáciles para mantener la paz y la estabilidad interior del reino. Es algo que he comprobado desde mis primeros días como sultán. Pero hay varios consejos que sin duda te servirán cuando estés en mi lugar. Tener tu propio ejército, mantenerlo y ampliarlo tanto como te sea posible es una tarea prioritaria para triunfar. Procura no mandarlo demasiado lejos a menos que sea completamente necesario. Las muestras de debilidad crean enemigos y cubrirlas los neutraliza.

Pero el ejército sólo no basta. En un reino tan amplio delegar funciones es inevitable y siempre habrá quienes aprovechen su posición de poder para seguir escalando. De alguna manera es habitual y hasta cierto punto, razonable. Si no fuera así nuestra familia no habría llegado a la cima. Tú serás la figura de mayor poder y como tal podrás vencer a todos y cada uno de los nobles. Pero recuerda que tu poder es menor que el de toda la nobleza unida. Para mantenerla bajo control debes asegurarte de que sus trifulcas nunca se acaben. Para ello necesitarás dedicar una parte de los ingresos del reino a estos menesteres. Piensa bien en quién inviertes tu dinero y no lo hagas sobre la misma persona. Levanta suspicacias entre tus aliados temporales y tus enemigos y así te mantendrás en el poder. No olvides a los campesinos, artesanos y comerciantes, con un pequeño gesto puedes ganarte muchos ojos y oídos.

Nunca me ha gustado excesivamente el modo en el que funcionan las cosas, pero con estas líneas trato de ofrecerte consejos útiles que responden a ciertas conductas y leyes del mundo en el que vivimos.

Tal vez algún día escuches algo sobre mis sueños, de mi boca o quizás de la de tu madre. En cualquier caso quiero compartirlo contigo. Desde hace tiempo tengo sueños muy reales que se vuelven más intensos con el paso de los años. Es como si la época de mis sueños se acercase. Es una realidad parecida pero distinta. En esos sueños vivo en el Cairo, desde donde hago planes para tomar Jerusalén. También aparece un niño, muchas veces esta triste y otras solloza, pero siempre que me acerco a hablar con él me despierto.

He de añadir una corrección y un énfasis. Nuestra casa es ya grande y poderosa, y requiere ser tratada como el resto de la nobleza. La rebelión de tu tío lo confirma. No pierdas de vista a tus tíos y hermanos ya que con el apoyo de ciertos nobles, pueden amenazar tu posición. Tenlos cerca y trátalos con cariño, pero nunca olvides que pueden convertirse en tus peores rivales.

Hoy he vuelto a tener ese sueño. Estaba en Jerusalén y mis estandartes ondeaban en las murallas. Las calles estaban sucias y la ciudad silenciosa, pero yo estaba feliz. A las puertas de la mezquita me esperaba una comitiva. Dos filas de Mamelucos a cada lado escoltaban el camino a su majestuoso interior. Tras de mí se encontraba el imán, que oficiaría el siguiente rezo en la ciudad recién conquistada. Sin embargo cuando entré mi sueño se tornó en pesadilla. Las puertas se cerraron cuando yo entré y frente a mí, cobijado por la sombra, se dibujaba la silueta de un niño, el mismo niño de siempre cuya silueta me resulta tan siniestra y a la vez familiar. Estaba sollozando y al acercarme para ver que le sucedía vi que sostenía una flecha ensangrentada con las dos manos. Luego desperté empapado en sudor.

Ni siquiera sé qué me llevó a escribir esto, pero de alguna forma me sentí inclinado a hacerlo. Ahora podré atender al mensajero que espera al otro lado de la puerta con más templanza. Me temo que no trae buenas noticias.

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Acerca de Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
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