[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo XI)

Resquebrajamiento

Memorias de Abdel Alim, Capitán de la Guardia Assabi (II)

Bektashi

Los guerreros Bektashi caminan junto a nosotros. Me ha sorprendido lo bien equipados que están. Dedebaba, su líder, es un hombre recio que tiene una gran cicatriz que recorre toda la mejilla derecha. No parece ser la primera aventura en la que se embarca. Algunos de sus hombres, probablemente los más jóvenes, cuentan que durante muchos años vendió su espada al mejor postor hasta que el mismísimo Alá se presentó ante él exigiendo su espada para defender la verdadera fe. En mi opinión no es más que una historieta para seducir damas y sorprender a los neófitos. Un mercenario servirá a dios devotamente si la recompensa es justa para sus estándares.

Más tarde me enteraría que Dedebaba el Persa tenía a su cargo todo un castillo en Trípoli, junto a la frontera con los infieles italianos. El califa en persona se la había conferido por su devoción, que se me antoja harto repentina. Desde luego la recompensa por ese servicio a Alá no era baladí.

Dedebaba se deshizo en elogios hacia Sisay, tal vez esperando recibir a cambio otro castillo, más lo único que obtuvo fue la orden de sitiar una fortaleza. Dejando a un lado mis apreciaciones por el jefe de los Bektashi, sus soldados fueron muy útiles y posibilitaron una guerra rápida en la que los daños por nuestra parte fueron mínimos. Pronto podré regresar a casa y ver de nuevo a mi hijo Mohamed.

Hacia parajes lejanos

He vivido muchas guerras, pero ninguna como esta. Con Abisinia al borde del colapso, ya quedan pocos enemigos y en estos momentos se libra una dura batalla entre las fuerzas del islam y los infieles. Sisay nos ha ordenado emprender la marcha hacia esas tierras. Pasaremos por Assab para despedirnos de nuestras familias y hacer acopio de víveres. Serán meses de viaje en los que tendremos que someternos a las inclemencias del tiempo y a las miradas hostiles de los extranjeros que nos alojen.

No me atrevo a contrariar a Sisay, pero creo que nuestro papel en una guerra tan lejana no es necesario. Si Alá así lo dispone, el califa ganará la guerra sin nuestra ayuda. Separarnos de nuestras familias durante tanto tiempo impidiéndome ver cómo crece Mohamed y como Siba da a luz de nuevo es uno de los castigos más duros que puedo imaginar. No entiendo por qué tiene que ocurrirme esto. No podré ver su parto, y la incertidumbre porque todo salga bien temo que me persiga durante todo el viaje. Sin embargo no me queda más remedio que acatar las órdenes.

Ya vienen

La gélida tarde invernal cae en estas tierras extranjeras. Corre ya el año 390¹ y ni siquiera soy capaz de recordar si ha hecho ya un año desde que estoy fuera. Hasta aquí no llegan las cartas, y hay pocas probabilidades de que salga alguna. Cuando caiga la noche mandaré a Usama con ella, y algunas que mis hombres me han pedido que escriba para que sus familias tengan un recuerdo.

No hay escapatoria, los ejércitos bizantinos se acercan inexorablemente y probablemente atacarán al alba. Nos superan ampliamente y no aguantaremos una carga de su caballería. Mientras algunos intentan huir, un pequeño contingente les haremos frente durante el tiempo que podamos. La suerte está echada. Nuestros “aliados” nos han abandonado en tierras que deberían defender ellos mismos. Desde el primer momento pensé que involucrarnos en esta guerra extranjera no podía traernos nada bueno. Hoy, queda probado. Sólo espero que las futuras generaciones de gobernantes lo tengan presente.

Hay algo que no me deja descansar, y que probablemente me acompañe hasta mañana al alba, que es el aspecto que tendrá mi vástago. Espero que Mohamed, Siba y el pequeño puedan apañárselas para sobrevivir sin mí. Tal vez Sisay se compadezca de ellos. Eso es lo único que quiero pedir a Alá antes de dejar ese mundo, que les otorgue la fortuna que a mí se me ha negado.

1- Año 1.000 d.c

califa
Bektashi

Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.

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