[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo VII)

Kings of the past

Sherezade. Mi vida y mi obra IV

Mi época no ha vivido la paz ni estabilidad ni la vivirá mientras panteras y leones sirvan a dos amos diferentes. Un animal acorralado siempre tiende a ser agresivo y el caso de los hombres no es distinto. Por eso no me sorprendió la guerra que Yohannas emprendió contra Harar a pesar de que también experimentaba problemas internos. La mejor manera de despejar esos problemas era con un enemigo exterior muy presente.

Farfuk “el Gordo”, o más bien Dahnay, porque soy incapaz de atribuirle una idea tan acertada a la mera suerte, tomó la decisión de aprovechar la ocasión. La presa elegida: las tribus cristianas de Alodia. Con su desaparición se borraría uno de los últimos posibles aliados de Absinia del tablero, quedando nuestro bando un poco más cerca del jaque.

Fue una contienda positiva en todos los aspectos la cual debilitó a los cristianos que perdieron en Harer y Alodia. Pero lo más importante es que dentro de los dominios de Farfuk algunos comenzaron a darse cuenta de quién hacía las mayores contribuciones para el éxito de la guerra.

Sin embargo hacía falta ir un paso más allá, demostrar la fuerza de nuestra casa sin el respaldo de un ejército mercenario o del reino. No había mejor manera de hacerlo que retirando la última de las torres cristianas del juego, Suakin. En secreto me reuní con mi hijo Dahnay en Kassala. Aunque en el pasado habíamos tenido nuestras diferencias, todavía seguía siendo mi heredero y futura cabeza de la dinastía.

Esta vez no me decepcionó demostrando que a la hora de la verdad como hijo de Assab se ponía al frente de sus responsabilidades. Cuando regresamos de la guerra nuestra reputación se había doblado y los cuchicheos en corte con respecto a quien mantenía el emirato en pie comenzaban a propagarse como una enfermedad.

Para recuperar el prestigio perdido, Farfuk se apresuró a lanzarse contra la pantera, todavía herida, de Absinia. A pesar del éxito de la campaña militar ya era demasiado tarde, los vientos de cambio soplaban imparables.

En el año 937 la situación era ya inaplazable, los rumores se habían convertido en voces por un nuevo rey. Así que decidí hacerlo oficial. Quinientos de mis hombres, muchos de ellos veteranos de la guerra con Suakin, y yo pusimos rumbo a la provincia de Harer para entregar personalmente la carta con nuestras exigencias. Unos días después Farfuk abandonaba Harer con su corte para buscar refugio en los territorios de Alodia. Como rey de Afar, se abrían ahora nuevas y mayores posibilidades para domar a la pantera.

Sólo hubo una cosa que empañó mi victoria: la muerte de mi hijo Dahnay. Después de combatir en Suakin y enfrentarse a los peligros del combate fue vencido por la peste blanca. Fue difícil verlo en sus últimos días, aislado, habiendo perdido todo el vigor y la fuerza que lo caracterizaban, postrado en una cama y escupiendo la vida por la garganta. Pero no es así como se merece que le recuerden, sino como un hombre íntegro y con sentido del deber, extraordinario militar y con devoción por su familia.

Así lo demostró al poner nombre a su hijo, Sherezade, que por obra del destino, se convertía en prematuro heredero Afar y gobernante de Kassala.

Desde los primeros días como gobernante tuvo que aprender a jugar al Shatranj¹ desvelándose como un jugador avezado. Farfuk, con los territorios que le restaban en el norte, fundó el reino de Blemmiyia. Kassala y Hayya, donde gobernaba mi primo, no se habían integrado en el reino de Afar por lo que ni con el destierro pudo Farfuk evitar la influencia de la dinastía Assabi en su propio reino. Esto permitía que nuestra casa pudiera aprovechar las disputas internas en nuestro favor y limitaba las acciones del mediocre Farfuk.

De nuevo tomé la iniciativa para ampliar nuestros dominios añadiendo la provincia Asayita al reino de Afar. Doblegar a la pantera fue mucho más fácil esta vez y para el 328 la tarea estaba completada. En el frente de Blemmiyia, los desvaríos militares de Farfuk, que ya no se fiaba de nadie, lo llevaron a la catástrofe y a perder Axum y Agordat.

A partir de ese año disfrutamos de años de paz y avances sin precedentes. Assab comenzó a convertirse en una región rica, poderosa, y con la construcción de la mezquita, un referente religioso. La influencia de nuestra casa iba más allá de las de las fronteras de Afar: no pude más que sentir orgullo de mi astuta hija cuando llegó a mis oídos que Abrihet se había convertido en regente de Kuwait. Las mujeres de nuestra casa estaban mejor preparadas que muchos hombres débiles.

Pero la complacencia quedaba lejos y nuestros dominios eran aún pequeños para asegurarnos un lugar en la historia. Mientras duraba la paz con Absinia, tomé la determinación de ampliar nuestra influencia entre nuestros hermanos de religión que eran débiles y corrían el peligro de ser anexionados. Así se lo hice saber al joven y recién llegado al poder Yacob de Zeila, pero en un tono arrogante y despectivo se negó a aceptar mi protección a cambio de su fidelidad. No me quedaba más remedio que reducir a cenizas la soberbia de ese arrogante por muchos fantasmas oníricos que traten de infundirme miedo. Tengo demasiados años a mis espaldas para entretenerme con chiquilladas².

1: Ajedrez antiguo
2: Últimos escritos conocidos de Sherezade I. Algunos autores relacionan las últimas dos frases a algún tipo de delirio que sufrió en su vejez. Otros, a la luz de otros escritos, lo consideran como otro indicio más de la leyenda oscura creada en torno a la dinastía, que queda reflejada en algunos cuentos y relatos de siglos posteriores.

Aden para el califato

Guerra asayita

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Acerca de Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
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