Worlds Adrift – Análisis de la beta cerrada

¿Alguna vez has soñado con pilotar barcos voladores y viajar de isla flotante en isla flotante mientras recolectas vestigios de una antigua y avanzada civilización? Endereza el timón y pon rumbo a Worlds Adrift.

Desde las islas que podemos visitar hasta la construcción de nuestras naves pieza a pieza, Worlds Adrift ofrece a los jugadores un sandbox multijugador masivo con unas mecánicas sencillas y una curva de aprendizaje no demasiado elevada. Empezar a disfrutar de la exploración y la construcción es posible desde el momento en el que entramos en el servidor, marcando una diferencia con otros juegos del género donde la progresión es más lenta. El juego se encuentra en una fase de beta cerrada, lo que quiere decir que existe todavía una gran cantidad de contenido por añadir y una ardua labor de optimización por delante (por ahora el lag es frecuente y hay ciertos problemas con el funcionamiento de las físicas). Esto significa que el número de jugadores en los servidores es todavía reducido, aunque se vea ampliado cada cierto tiempo, cuando los desarrolladores abren la posibilidad de comprar el juego durante un tiempo limitado.

Nuestra aventura comienza en uno de los respawn de las islas iniciales, donde conoceremos a uno de nuestros principales aliados durante nuestras peripecias, el gancho retractable. Un click derecho y lo tendremos pegado como una lapa a cualquier superficie. A través de un mecanismo podremos alargar o acortar la cuerda, habilidad que pronto usaremos para balancearnos cual Tarzán por la jungla, con el riesgo añadido de precipitarnos hacia el vacío. Todo jugador ha pasado por este trauma, más temprano que tarde, cuando exploramos los bordes o la parte inferior de las islas en busca de recursos, tesoros y valiosos conocimientos.

Una vez hemos aprendido a llevarnos bien con el gancho retractable y recogemos unos cuantos recursos llega la hora de construir nuestro primer barco volador. El sistema de construcción es muy intuitivo y nos permite personalizar la estructura del barco, sobre la cual luego iremos colocando piezas. No obstante, no basta con amontonar piezas unas encima de otras, sino que tendremos que tener en cuenta factores como el peso o la orientación de nuestras velas, alas y motores. Si queréis que vuestras naves muevan el trasero más os vale ponerlas a dieta para evitar el sobrepeso. Los materiales de los que “come” la nave son también un factor fundamental, ya que no es lo mismo hacer la estructura del barco volador de madera que usar plomo para su construcción. Con el Atlas Core básico (el núcleo que necesita toda embarcación para funcionar) tenemos hasta diez toneladas de peso antes de sobrecargarlo, cifra que aunque parezca considerable quedará muy justa si queremos incluir motores en vez de velas.

construccion barco

Sobre la estructura de la nave vamos añadiendo piezas

Pero no pongamos los motores a máxima potencia tan rápido, primero tendremos que aprender a diseñarlos, ya que nuestro avatar no nace sabiendo y nuestra carrera como ingenieros aeronavales acaba de comenzar. Las buenas noticias son que no tendremos que escuchar clases aburridas ni estudiar durante varios años, sino que aprenderemos al estilo Indiana Jones, coleccionando planos (blueprints) y fragmentos de información de la antigua civilización, así como escaneando con una herramienta especial todo objeto o criatura. Haciendo esto, ganaremos puntos de conocimiento que podremos usar para avanzar en una especie de árbol de habilidades, donde podremos desbloquear nuevos planos que usar en las embarcaciones.

Cada vez vemos más juegos donde no todo es matar “bichos” y hacer a nuestro personaje más poderoso. En Worlds Adrift la meta es el conocimiento y la vía para alcanzarla es la exploración, conocer sitios nuevos y enfrentarse a lo desconocido. No obstante durante estos viajes no estaremos exentos de ansias asesinas mientras volamos. Hay ciertas criaturas como las Manta Ray cuya pasión por los motores es ligeramente diferente a la nuestra. El sonido de los motores provoca en ellas un frenesí que nos hará precipitarnos al vacío en más de una ocasión, perdiendo con ello una buena parte de los objetos del inventario. Sí, son odiosas, pero con ello los desarrolladores nos advierten de que nuestras acciones sobre el medioambiente no quedarán impunes, dejando un espacio para una reflexión más general acerca de la intervención del hombre en la naturaleza y sus consecuencias.

Además de estos animales tendremos otro tipo de retos naturales que nos abrirán las puertas a zonas con mejores recursos, planos y tesoros: los muros. Hasta la fecha tenemos muro de viento, de tormenta y de arena, a cada cual más difícil de pasar y con mayor riesgo de perder nuestro barco y la vida.

Worlds Adrift nos ofrece aventura y una experiencia no sólo basada en el combate, aunque desde el momento en el que es un entorno PvP abierto tendremos que hacer frente a todo tipo de jugadores, y eso es otro de los grandes alicientes del juego de Bossa Games. Nuestra experiencia con otros jugadores ha sido variada aunque escasa en el número de encuentros. Esta variedad hace que cada vez que avistamos a otro jugador una sensación de incertidumbre nos aceche. Aunque tendremos que soportar al típico griefer, jugadores que se dedican a dinamitar el progreso de otros, es cierto que hay usuarios e incluso alianzas que se dedican a ayudar a otros. Mi actual barco es fruto de esa colaboración, lo que lo convierte en un tesoro si cabe mayor.

naves diferentes

En la variedad está el gusto. Cuanto más conocimiento acumulemos a más piezas tendremos acceso.

Había sido una tarde dura de recolección y de cálculos para preparar el tercer asalto contra el muro de viento. Los dos primeros habían resultado infructuosos, llegando literalmente a lo más bajo de Worlds Adrift, donde nuestro personaje pierde vida hasta morir y nuestro barco volador desaparece en el olvido. En esta ocasión estaba probando a diseñar la estructura con bronce, un metal poco pesado que le daba aire de grandeza a mi pequeño trozo de chatarra. Andaba yo ensimismado en mis cálculos cuando vi el letrero de un jugador. No pude evitar tensarme en la silla y achinar los ojos en una mirada desconfiada. Capitán Magnánimo (a falta de memoria le damos un nombre acorde) elogió educadamente mi creación mientras yo, habiendo aprendido de otras experiencias, mantenía un dedo en el atajo a la pistola. Después de unos minutos de charla, el enigmático visitante resultó ser una ayuda importante a mis problemas, tras poner en mi equipo de montaje dos modelos para mejorar mi Atlas Core, cuya capacidad para soportar un mayor tonelaje se vería considerablemente mejorada. Tras haberme ayudado con estos componentes Capitán Magnánimo me sugirió probar suerte otra vez con el muro de viento. Mientras mi trozo de chatarra mejorado se alejaba de la isla en la que estaba atracado me di cuenta de lo magnífico que sería contar con ciudades en Worlds Adrift, donde poder socializar y comerciar con otros jugadores.

La carencia de ciudades y zonas “neutrales” donde comerciar deja el apartado del multijugador limitado a este tipo de encuentros ocasionales. También echamos en falta la aparición de quests más clásicas, que tiene sentido implementar a través de los documentos con fragmentos de historia que vamos encontrando en las islas.

Que el juego esté en un estado tan temprano nos da pie a pensar que estas carencias que hemos señalado serán subsanadas en el futuro. Bossa Studios ha mantenido desde el inicio de Worlds Adrift una relación muy fluida con la comunidad hasta el punto de incluir islas flotantes que han creado los jugadores en el mundo. Si esta actitud tan abierta se mantiene podemos esperar grandes cosas de un juego que nos ha sorprendido muy gratamente por buscar su propio espacio entre los sandbox y MMO, ofreciendo retos originales y algunos conceptos pioneros.

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El Windwall, nuestro primer gran reto.

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Sobre Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
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