The Beginner’s Guide – Análisis

Si al eterno debate sobre los videojuegos y su aceptación en el mundo del arte le sumamos la crisis existencial entre dos desarrolladores y su visión sobre lo que debería ser una creación, además del rol que juegan las personas con sus críticas y comentarios, tendríamos material para varias sesiones de terapia. También estaríamos jugando The Beginner’s Guide.

 

Mucho más de la cuenta

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Pequeñas joyas en forma de juegos

Cuando Davey Wreden lanzó The Stanley Parable y tomó a la industria de los videojuegos por sorpresa, allá por el año 2013, quienes disfrutamos de esa pequeña obra maestra sabíamos que se había asentado un precedente que cambiaría la historia de lo que “deberían ser” los juegos. El tono irónico, lleno de referencias y paradojas, desnudaba una realidad que todos sabíamos pero nadie se atrevía a reconocer: la mayoría de las veces, los desarrolladores subestiman a los jugadores. Partiendo desde esta premisa, Stanley Parable jugaba con la idea de un narrador omnipresente diciendo a cada segundo cuál era el camino a seguir, y qué pasaba si el jugador desobedecía a esta orden “divina”. Este “mandato” del desarrollador lo podemos sentir en muchísimos títulos, donde inclusive la defensa ante las críticas es: “no les gustó porque no debería jugarse de esa forma” o “esa no era la intención del juego”.
Con el lanzamiento en 2015 de su segundo trabajo, The Beginner’s Guide, Wreden deja de lado las sutilezas de su juego anterior y se pone mucho más explícito y personal. Al meta-lenguaje inquisitivo sobre el rol y lo que debería ser un videojuego, le agrega un profundo dilema existencial sobre los complejos y las fobias de un desarrollador que a los 25 años vendió más de un millón y medio de copias de su primer juego, convirtiéndose irónicamente en lo que tanto criticaba: una celebridad millonaria y predecible. The Beginner’s Guide es el resultado de dos años de entrevistas, conferencias, firmas de autógrafos, alabanzas, críticas, dinero, viajes en avión y mujeres. Quizás es el grito -o el llanto- de una persona que lucha en su interior por hacer lo que quiere o lo que el público espera de él. El resultado es frontal, visceral, desgarrador. Nos exige como “jugadores” mucho más de lo que esperamos, incluso nuestra opinión o nuestra ayuda (literalmente, al principio del juego nos ofrece escribirle a su cuenta de correo).

 

La mirada de los otros

La trama de The Beginner’s Guide está narrada en primera persona por Davey Wreden, su desarrollador, que nos cuenta la historia de un amigo suyo al que llama “Coda”. Esta persona, un aparente genio del diseño y la programación, desarrolló decenas de juegos (o partes de juegos) entre 2009 y 2011, pero nunca los publicó. De hecho, los descartaba apenas consideraba terminarlos. Wreden rescata estos juegos de la basura y nos los muestra para que podamos jugarlos -los que se pueden- y hacer una retrospectiva de su amigo caído en desgracia. El objetivo, según cuenta, es lograr que el público conozca la obra de Coda y lo alienten a continuar desarrollando nuevas ideas.
A medida que vamos progresando por estos mini-juegos o ideas sin terminar, gracias a la narración y las explicaciones de Wreden encontramos un hilo conductor en este mundo interior tan complejo y frágil. Pronto descubrimos que la historia de Coda encierra serios problemas de depresión, ansiedad social y soledad. Realmente nos identificamos con la historia de este genio torturado y empatizamos con el amigo que de alguna manera intenta aliviar su dolor. Sin embargo, de a poco nuestra percepción sobre lo que ocurre va cambiando y de repente el “bueno” se convierte en “malo” y el abusado en abusador.

¡ALERTA DE SPOILERS! Si no jugaron este juego y no quieren leer una opinión sobre su final, por favor dejen de leer ahora.

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La difícil tarea de exponerse al mundo

La técnica de presentar una dualidad en una persona a través de dos personajes no es algo original (en el cine ya se hizo en “Ladrón de Orquídeas” por ejemplo) pero el recurso en este juego está bien logrado por el excelente guión que nos hace comprar todo lo que nos dice Davey Wreden, el creador de Stanley Parable y este juego, una persona “seria” que no nos puede mentir. La máscara se cae en el último juego que nos muestra, donde vemos mensajes de “Coda” dirigidos a “Davey” sugiriéndole desaparecer de su vida y no hablarle nunca más. Le pide por favor que deje de buscarle soluciones y sentido a sus creaciones y deje de mostrarle sus juegos a la gente.
Ahí comprendemos que “Coda” no es más que una parte del mismo Dave, un costado puramente artístico y sentimental, lejos de la industria, el comercio y la aceptación popular. Su contracara es Dave el narrador, una persona enferma por el reconocimiento de sus fans, por escuchar continuamente lo talentoso que es y cuánto lo aman. Suponemos que entre la mezcla de los dos se encontrará la verdadera cara de este gran creador, que se expuso y dio la cara como pocas veces hemos visto en un videojuego.

Más allá de la sorpresa que genera la originalidad del guión y del juego en sí mismo, en base a estas “luchas” personales de Davey Wreden con su alter ego podemos sacar conclusiones y planteos muy valiosos sobre lo que esperamos de los videojuegos como jugadores y partícipes activos de esta industria. ¿Todos los juegos deberían ser accesibles? ¿Los desarrolladores se deben siempre a su público? ¿Todos los juegos deben transmitir algo? ¿Cuál es el límite aceptable entre pasión, obsesión y enfermedad? Muchas o ninguna de estas preguntas obtendrán respuestas, pero el simple hecho de haberlas planteado renuevan el aire de una industria que a menudo peca de ahogarse en sí misma. Títulos como éste son un salvavidas a tiempo.

 

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Acerca de Damián Centrone

Periodista de formación, publicista de profesión, gamer de corazón. Desde el descubrimiento del Atari 5600 a sus tiernos 7 años, sobrevivió batallas épicas, resolvió enigmas indescifrables y exploró inmensos mundos pixelados. Hombre de familia. No toma rehenes.
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