Mirror’s Edge: Catalyst – Análisis

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En Mirror’s Edge: Catalyst volvemos a sentir la velocidad que supone correr por los tejados de la ciudad mientras encarnamos de nuevo a la protagonista femenina Faith. DICE nos devuelve el frenesí, las luchas cuerpo a cuerpo y las sensaciones de la primera entrega; esta vez en un mundo abierto.

Ya en 2008, Mirror’s Edge nos deleitó con unas mecánicas novedosas e inexploradas. Un juego en primera persona que anteponía la habilidad de movimiento del jugador por encima de la lucha y el tiroteo. Y funcionó. El juego fue corto y nos presentaba una historia que, aunque simple, dejaba claro en cada momento las motivaciones del personaje principal y los pocos secundarios que había escena tras escena. Mirror’s Edge siempre pareció un experimento, una prueba y dado el éxito cosechado, sorprende que se tardara ocho años en sacar un segundo título de esta saga. Finalmente, Mirror’s Edge: Catalyst, la esperada segunda entrega, salió al mercado el 7 de junio de este año y se muestra como un juego que quiere recuperar aquello que hizo especial al original mientras ofrece una experiencia adecuada a los tiempos que corren.

Mundo abierto

Como ya hemos comentado, a diferencia de la primera entre de Mirror’s Edge, en Catalyst vamos a tener la oportunidad de usar nuestros movimientos de parkour a voluntad por toda la ciudad de Glass. La decisión de crear un mundo abierto para este título es, sin lugar a dudas, una manera de actualizar la saga y es que el contexto de Mirror’s Edge parece perfecto para que los jugadores viajen por una bella ciudad futurista como gusten. Glass está plagada de zonas esperando a ser descubiertas, coleccionables que encontrar y circuitos de parkour donde competir con el resto de la comunidad. La ciudad es bella y quiere ser recorrida en todas direcciones y de todas las maneras posibles. Lo espera.

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El mundo abierto de Mirror’s Edge: Catalyst. La ciudad de Glass está repleta de rincones esperando a ser explorados.

Para fortalecer aun más el concepto de libre albedrío, los desarrolladores han optado por proporcionar la opción de crear sus propios circuitos de carreras a los jugadores. Una vez creada la carrera, la comunidad del juego puede elegir competir en ese circuito a modo contrarreloj y los resultados quedan guardados para demostrar quién es el runner más rápido. Mirror’s Edge Catalyst brilla en este aspecto que sumado a la cantidad de misiones secundarias y coleccionables que ya hemos mencionado, generan un juego con alta rejugabilidad, especialmente si uno disfruta del libre albedrío en el movimiento que es típico de esta saga. El único punto negativo de
haber optado por crear un Mundo abierto es, quizás, que el juego pierde un poco el frenesí constante y la persecución del original entre misiones. El primer título, al ser lineal y funcionar por episodios, no ofrecía un tiempo en el que la acción parara. Esta segunda entrega nos da un respiro entre misiones dada la incorporación del mundo abierto. Es un mal menor que se compensa por la libertad que proporciona la ciudad.

Para fortalecer este aspecto de libertad del juego y en un intento de profundizar en la progresión del juego, DICE optó por darle un toque RPG al título con un sistema de experiencia donde adquieren puntos para desbloquear nuevas habilidades de Faith. Lamentablemente el sistema de progresión, a pesar de ser un añadido que llama la atención, rápidamente veremos que es algo trivial y que no ofrece nada a la experiencia. Está bien que esté allí, pero si no hubiera estado, tampoco hubiera ocurrido nada. Uno incluso esperaría que ciertas de las habilidades que se desbloquean con este sistema ya pudiera realizarlas Faith desde un primer momento o que, tras ciertas misiones, recibieras la mejora sin más, lo que podría haberse aprovechado a la hora de mostrarnos la trama del juego, de la cual hablamos ahora.

Historia y personajes

Durante un año Faith ha estado encerrada en una celda y ahora que ha cumplido sentencia, encarnamos al personaje en el momento de su salida. Obviamente, no pasas ni cinco minutos hasta que uno de nuestros compañeros runners, aparece para salvarnos del programa estipulado por los opresivos agentes de la ciudad. Nos ayuda a escapar por una puerta trasera y empezamos a correr, saltar y pelear en una primera misión que actúa como tutorial. No tardamos en recordar las mecánicas del primer juego y en redescubrir el mundo de Faith y la ciudad de Glass, esta vez en un modo de mundo abierto que aunque todavía no nos es posible, en breve podremos explorar con libertad.

El tutorial no supone un problema y es fácil de entender. Rápidamente nos hacemos con los controles y podemos prestar atención a otros asuntos que el juego nos empieza a desvelar, como por ejemplo la personalidad de nuestro compañero salvador: Icarus, el hombre que nos habla por el programa que usan los runners para comunicarse llamado BEAT: Noah o la misma Faith.

Sin lugar a dudas, la personalidad o las actitudes de los personajes son uno de los puntos flojos del juego. Son predecibles y marcados por estereotipos. El chico malo que se cree mejor que los demás y pone en duda a nuestro protagonista, el personaje antisocial y faltado de habilidades sociales que es un genio de la tecnología. El líder sensato y coherente que aboga por la prudencia y la seguridad… ni siquiera Faith, nuestra protagonista se libra de los clichés. Es una joven engreída y rebelde con un trauma del pasado y que quiere demostrar que tiene lo necesario para cambiar el mundo. La sencillez de los personajes está acompañada de una historia general bastante sencilla y predecible que se hace amena y fácil de seguir, pero a veces insulsa. El primer juego no brillaba por estos apartados y nos encantó, por lo que no tiene por qué ser un impedimento para disfrutar el juego. Con todo, se echa de menos una trama quizás más elaborada para acompañar toda la aventura en la ciudad de Glass.

Velocidad y combates: la mecánica del juego

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El parkour funciona a las mil maravillas y realmente vivimos en nuestra piel cada uno de los movimientos de Faith gracias a la vista en primera persona.

Correr a toda velocidad, escuchar la respiración de Faith y cada crujido que los pies de la runner hace al pisar el suelo, algunas veces el ruido del cristal, otras la grava o el hormigón. Saltas y justo antes de caer te preparas para rodar y amortiguar la caída, consiguiendo el impulso necesario para seguir corriendo sin perder el ritmo. Ese fue el día a día de Mirror’s Edge y lo es aún con la segunda entrega, con la única diferencia de que el modelo es mejor, más refinado y con más opciones. La sensación sigue siendo renovadora y la fluidez con la que podemos movernos en cada momento nos hace sentir una libertad absoluta a la hora de ejecutar las maniobras más arriesgadas y los saltos más espectaculares. La idea de tener un mundo abierto ha dado alas a las posibilidades de parkour que ofrece el título. Catalyst hace que la primera entrega de la saga parezca solamente un campo de pruebas que preparara al público para la auténtica fiesta que llegaría ocho años más tarde. Mirror’s Edge: Catalyst es excepcional como videojuego de plataformas en primera persona. Las diferentes habilidades de Faith, como correr por las paredes, dar giros de 180º en un momento, deslizarse por el suelo y demás producen una sensación de éxito rotundo cuando las ejecutas correctamente y te escabulles de tus enemigos. Además, Faith ha recibido un gancho con el cual puede saltar y lanzar un cable para engancharse, balancearse y cruzar grandes distancias imposibles de superar con un simple salto.

Por desgracia, las luchas cuerpo a cuerpo no son tan interesantes como lo es el parkour. El juego premia la idea de huir y evitar las luchas, un hecho que encaja muy bien con la idea que hay detras de los runners. Son mensajeros y ladrones, no guerreros. Los golpes que Faith puede ejecutar en movimiento son brillantes, como por ejemplo la ejecución de una patada tras caminar por una pared, pero se vuelven monótonos y repetitivos cuando nos paramos a combatir en lugar de seguir corriendo. Las animaciones de las artes marciales de Faith en primera persona son bonitas y producen satisfacción al ejecutarlas, pero el hecho de que algunos enemigos cotrarresten ciertos tipos de movimiento automáticamente hace que al final uno acabe usando el tipo de golpe eficaz contra cada enemigo y anula la creatividad que se esperaría del combate.

Valoración

Mirror’s Edge: Catalyst sigue los pasos de la primera entrega de la saga expande la idea para renovarse y seguir haciendo a la perfección aquello que ya hizo bien ocho años atrás. Es un plataformas en primera persona que combina acción y destreza para brindarnos una experiencia única en un mundo futurista, ahora abierto. A pesar de todo aquello que ha mejorado, los puntos más flacos del primer título siguen presentes en esta segunda entrega: una historia floja y un sistema de combate mediocre. Con todo, son dos conceptos que no impiden que disfrutemos de un gran título siempre que no esperemos precisamente que esos apartados sean los más interesantes del juego.

Mirror’s Edge: Catalyst se puede adquirir por 59,95€ en Origin

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Sobre Guillem Ruiz Vila

Graduado en Humanidades y con un máster en periodismo digital. Soy jugador de videojuegos desde que tengo memoria y amante de sus bandas sonoras. Adoro encontrarme con títulos de gran complejidad y que requieran del uso de estrategia, especialmente si me presentan nuevos mundos o se vinculan de alguna manera con mi otra pasión: la historia de la humanidad.
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