Life Goes On: Done to Death – Análisis

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Life Goes on:  Done to Death es una apuesta renovadora que da un soplo de aire fresco al género de los puzles y rompecabezas. Jamás la idea de morir por la corona había estado tan vigente como en este juego traído por la mano de Infinite Monkeys Entertainment Ltd.

“Esta es la historia de un rey que se dio cuenta de que morir era un rollo, por lo que decidió que convocaría a todos los caballeros del reino e iniciaría una cruzada para encontrar la copa de la vida y esquivar el inevitable destino de todo ser humano. Obviamente, los caballeros están encantados de asumir tan leal y noble misión.”

Así empieza Life Goes on: Done to Death. Una premisa totalmente sencilla, pero la verdad, no hace falta saber mucho más para conocer al protagonista de nuestra historia: Roderick Hernández el Primero. Cae desde el portal del cielo y… sí señores, muere en menos de dos segundos convertido en kebab por una gran masa de pinchos. No os preocupéis, su cadáver permanecerá ahí para que el resto de caballeros puedan usarlo como puente y evitar correr la misma suerte. ¡Gracias Roderick!

El inicio

Nada más iniciar el juego y ver el menú principal se nos muestra al rey subido en una plataforma y a los caballeros haciendo cola para servir a los deseos del monarca. Nos percatamos de que el juego está completamente traducido al español, algo que siempre es de agradecer. Tras ver cómo algunos de los hombres se meten en el portal sin lograr volver con la copa de la vida, decidimos que es nuestra responsabilidad como jugadores ayudarles a conseguirlo. A jugar.

Desde el primer momento se intuye que Life Goes on: Done to Death es un juego que pretende competir en el mercado usando un concepto diferente, reforzado por un carácter humorístico presente no solo en los textos del juego, sino también en su estilo, arte, gráficos e incluso la banda sonora, que ya en la mismo menú se nos muestra alegre y desenfadada a pesar de saber perfectamente que nos van a obligar a matar gente para solucionar el problema del rey.

Rápidamente vemos que el juego se divide en una estructura clásica: hay diferentes mundos, cada uno con su propia temática, y conformados a su vez por diecisiete niveles. Como en cualquier juego del estilo, para poder avanzar a un nivel tenemos que batir el anterior. Sin embargo, en cada mundo existe un nivel extra, marcado por una calavera. No es necesario completar el nivel adicional para continuar el juego, pero sí para completarlo y desbloquear todos los secretos, que no son pocos.

El juego

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¡Es una lástima, pero en Life Goes On: Done to Death el sacrificio de algunos es clave para el éxito del resto!

Life Goes On: Done to Death no tiene complicación alguna. El manejo pasa por mover a los personajes que controlamos hacia la izquierda o la derecha y saltar cuando sea necesario. Todos los niveles comienzan con nuestro héroe del momento traspasando el portal mágico del rey y apareciendo en el punto de control inicial. Podremos echar un vistazo al mapa para localizar dónde se encuentra la copa y ver nuestras opciones para llegar a ella. El objetivo va a ser alcanzarla en el menor tiempo posible y perdiendo la mínima cantidad de caballeros que podamos, una tarea para nada sencilla. Lo primero que nos sorprenderá es, desde luego, la manera que propone el juego para resolver los niveles. Mientras que en la mayoría de los juegos debes alcanzar el final de un nivel evitando la muerte para pasar al siguiente, en Life Goes On: Done to Death tienes que suicidarte estratégicamente para que los próximos caballeros puedan llegar a la copa y completar el nivel. Al principio los puzles no se nos presentaran como un gran problema: básicamente tendremos que usar los cadáveres de nuestros hombres como puente para que otro pueda pasar; pero no tardaremos en ver como paulatinamente vamos encontrando nuevos retos e impedimentos en el camino. Cada vez las cosas se pondrán más feas y tendremos que pensar y usar la lógica para suicidar a nuestros hombres de la mejor manera posible para que el siguiente pueda pasar. Las estratagemas pueden ir desde convertir a un caballero en bloque de hielo para que el siguiente pueda subir y alcanzar una plataforma mayor, usar cañones para disparar nuestros caballeros contra interruptores demasiado lejanos para ser pulsados de maneras más “convencionales” e incluso electrocutarlos para dar corriente a puertas y que el próximo pueda pasar.

De manera obvia, conforme más avanzamos más son las mecánicas y pruebas que se nos van introduciendo. Al empezar veremos que existen puntos de control de color azul. Cuando un caballero muere, pulsaremos espacio para que el siguiente caballero aparezca en el punto de control. Esta mecánica es muy sencilla, pero se explota en este juego de una manera muy interesante: solo podemos tener un punto de control activo a la vez y, en algunos casos – especialmente cuando ya vayamos dominando el juego – debemos activar de manera inteligente unos u otros puntos de control para poder avanzar y no quedarnos atascados en el nivel. Además también se nos presentarán pruebas que requerirán no sólo de nuestra inteligencia y lógica, sino de cierta habilidad que recuerda vagamente en algunos casos a un plataformas. Esto es especialmente cierto en el último nivel de cada mundo, que actúa como escenario final y nos presenta una conclusión del capítulo. Son estos niveles los que más pondrán a prueba nuestras habilidades y reflejos. Es curioso y original como a través de la música y el cambio de dinámicas en estos últimos niveles se logra un efecto de jefe final sin siquiera tener realmente un oponente. Muy conseguido.

Detalles, secretos y ambientación

Gran parte del encanto de Life Goes On: Done to Death se encuentra en la ambientación, detalles y referencias. Ya hemos comentado que la estética del juego es bastante desenfadada; al fin y al cabo se asemeja a unos dibujos animados. Este hecho, junto con el humor implícito que se respira en todo el juego, hace que olvidemos que las “herramientas” que estamos usando para avanzar y completar el juego vidas de caballeros. Para evitar que estos se conviertan simplemente en utensilios para un fin, el juego genera nombres e indumentarias diferentes para cada individuo y así, de manera sutil, nos recuerda que al fin y al cabo cada avatar simula a una persona singular. Este es sin lugar a dudas un detalle muy interesante por parte de los desarrolladores. Y ya que hablamos de las particularidades de cada caballero, para conseguir cada vez más variedad en nuestras filas tendremos que desbloquear poco a poco indumentarias y armas. Para ello simplemente debemos completar los niveles, aunque algunos de los complementos más raros solo se podrán conseguir de maneras especiales, como por ejemplo completando el nivel opcional que hay en cada mundo. No tardaremos en percatarnos de que los elementos desbloqueables acaban siendo indumentarias con numerosas referencias a otros videojuegos o a la cultura internauta, potenciando el factor humor en todas las facetas del juego y aumentando la variedad de personajes que podemos ir encontrando, si bien todos acabarán por correr el mismo destino. De hecho, una de las referencias más directas del juego es que en el final de cada nivel los caballeros consiguen un cáliz, pero ninguno resulta ser el que el rey está buscando; un hecho que recuerda al mítico “Thank you, but our princess is in another castle” de Mario Bros.

Los Puntos flojos

Si bien Life Goes On: Done to Death rebosa aire fresco, humor y personalidad combinada con buenos puzles, no podemos acabar este análisis sin comentar algunos de los puntos flojos del juego. Por suerte, no tenemos mucho que comentar en este apartado.

Life Goes On: Done to Death

El cadáver de algún caballero deberá presionar el botón para que el fuego cese y el resto pueda pasar. ¡Por el rey!

Aunque el juego hace un buen trabajo en la creación de puzles que nos hagan pensar para resolverlos y nos presenta diversas formas de afrontarlos, en algunos casos acabaremos por desear que no se hubiera reciclado tanto el mismo tipo de prueba. Al fin y al cabo cuando has convertido en bloque a tu compañero tres veces en los últimos tres niveles, ya no te parece tan entretenido como el momento inicial. Sí, en un caso lo hemos tirado por un precipicio para que mantenga pulsado un interruptor y abra una puerta, mientras que en el otro lo hemos usado para subir a una altura más elevada, pero al fin y al cabo algunas variedades de una misma mecánica no difieren tanto y acaban, a veces, por ser repetitivas. Además, aunque existe una gran cantidad de desbloqueables cosméticos que complacerán a los jugadores amantes del coleccionismo, los que no disfruten de ello verán que el juego carece de rejugabilidad una vez completado.

Más allá de esto, el único punto desfavorable adicional que veremos es que una vez hayamos integrado en nuestra mente gamer que el suicidio es el modo normal de avanzar y deje de ser una mecánica novedosa, el juego puede perder parte de su encanto.

Palabras Finales

Life Goes On: Done to Death es un juego de rompecabezas que propone renovar el género con una mecánica novedosa y entretenida, a la vez que nos saca alguna sonrisa con su ambientación humorística y sarcástica. Los puntos clave de este título recaen en la gran personalidad que muestra y una brillante simplicidad que lo hace accesible y entretenido para todos los públicos. Aquellos que amen los videojuegos de rompecabezas y hayan disfrutado de títulos como Lemmings o Pikmin gozarán de este juego y la estética y entorno del juego puede hacer que se muestre apetecible para aquellos no tan amantes del género.

Podemos adquirir Life Goes On: Done to Death por 9,99€ en Steam

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Acerca de Guillem Ruiz Vila

Graduado en Humanidades y con un máster en periodismo digital. Soy jugador de videojuegos desde que tengo memoria y amante de sus bandas sonoras. Adoro encontrarme con títulos de gran complejidad y que requieran del uso de estrategia, especialmente si me presentan nuevos mundos o se vinculan de alguna manera con mi otra pasión: la historia de la humanidad.
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