Grand Pigeon’s Duty – Avance

En un futuro distópico, la raza humana perdió el rumbo y está condenada a extinguirse. En el momento más oscuro, surgen los héroes menos pensados para alzarse en vuelo y salvar al mundo: las palomas. Enlístate en la revolución alada y libera tu furia sobre los autos y peatones que no saben lo que ocurre… literalmente.

¿De qué va este juego?

Grand Pigeon’s Duty (en adelante GPD) es un juego desarrollado por el estudio independiente ruso Wolfgangls. Evoca a los grandes títulos arcade de fines de los ’80 y principios de los ’90: gráficos pixelados, mecánicas simples, objetivos claros y el argumento necesario para justificar al juego. Básicamente controlamos una paloma que se alista en la revolución para conseguir la atención de los humanos y lograr que vuelvan a ingerir comida. En este futuro distópico, las personas reemplazaron sus órganos por implantes alimentados de petróleo, lo cual hace que sean casi inmortales y no necesiten comer. Esta moda llevó a la quiebra a casi todos los negocios de comida en todas las ciudades, lo cual produjo una notable reducción de sobras y migajas en las calles, lo cual generó que las palomas… bueno, ya se imaginarán el resto.

Al igual que en los dos juegos que parodia el nombre (Grand Theft Auto y Call of Duty) debemos cumplir misiones de distintas facciones para llevar a cabo nuestra ambiciosa tarea. La mecánica es muy simple: debemos volar de izquierda a derecha sobre una calle de ciudad, soltando “regalos” sobre los peatones y los autos estacionados. A pesar de la sencillez de esta premisa, hay que advertir que GPD es un juego realmente difícil, ideal para quienes disfrutan de un gran desafío que requiere muchas horas de práctica. ¿Cuál es el truco entonces? Nuestros “depósitos” estarán a merced del viento que cambia de dirección y de potencia, sumado a la velocidad y dirección con la que caminan los peatones. La precisión que requiere (y es exigida en las misiones) es altísima. Como mencionamos arriba, nos recuerda a los viejos arcade que parecían ser imposibles de vencer y cuyo único propósito era comer monedas.

¿Recomendamos este juego? Sin duda, aunque hay que tener siempre en mente la barrera que proponen los desarrolladores. Quizás si la dificultad no fuera tan alta, el juego se terminaría en menos de una hora, lo cual no era la idea original. La música 8-bit es exquisita, y sin duda es uno de los puntos más altos de este juego, al igual que su humor, su irreverencia y su originalidad. La próxima vez que una paloma les arruine la ropa (o el pelo) caminando por la calle, no la odien, más bien piensen que quizás está preparando La Revolución.

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Sobre Damián Centrone

Periodista de formación, publicista de profesión, gamer de corazón. Desde el descubrimiento del Atari 5600 a sus tiernos 7 años, sobrevivió batallas épicas, resolvió enigmas indescifrables y exploró inmensos mundos pixelados. Hombre de familia. No toma rehenes.
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