Diaries of a Spaceport Janitor – Análisis

La vida de un conserje puede ser monótona y aburrida. O quizás no si trabajas en una estación espacial plagada de rarezas y personajes estrambóticos. Vamos a sumergirnos en esta locura espacial al ritmo de música K-pop y escenarios ultra pixelados.

 

Habla tan raro que no se le entiende

La esencia de Diaries of a Spaceport Janitor (en adelante DOSJ) es romper con las estructuras de los géneros dentro de los videojuegos y proponer algo distinto. En palabras de sus creadores, este título es una “anti-aventura” y como tal, no presenta ningún parámetro a seguir. Quizás estarán pensando en un formato sandbox: error. Aquí no hay mapas, guías de misiones, objetivos ni recompensas. La mecánica del juego consiste en recoger basura del suelo -como cualquier conserje haría- e incinerarla en una especie de mochila multifunción. Cuanto mayor sea la cantidad de basura incinerada, mayor será nuestra recompensa económica al día siguiente. Esto es muy importante resaltar, ya que estaremos viviendo siempre un día “atrasados” con el pago, ya que el primer día nos veremos obligados a completar una “misión” y casi no generaremos ganancia. ¿Cuál es el problema? Hambre, mucho hambre. Nuestro personaje tiene una capacidad de tolerancia muy baja, y siempre estará demandando ingerir comida. Por supuesto que los precios de los puestos son casi tan caros como el total de nuestro pago, por lo que siempre estaremos bordeando la miseria. ¿Cómo evitarlo? Pues claro, incinerando más basura.

Hay una mínima -muy mínima- historia detrás de DOSJ, y es el deseo natural de cualquier persona de progresar. Sin embargo, se nota una intencionalidad de los desarrolladores detrás de bambalinas. Ya partiendo de la dificultad económica descrita anteriormente, se hace prácticamente imposible salir de la rutina y apuntar más alto. Es decir, parte de la “gracia” de este juego es hacer nuestro trabajo diario pensando en algún momento progresar y dejar todo atrás, pero eso nunca sucede. ¿Conexiones con la vida real? Probablemente. ¿Se justifica un juego para hacer este paralelismo irónico? No. O al menos no un juego de cartoon espacial con gráficos ultra-pixelados (al punto que apenas se distinguen los objetos). La pregunta obvia que surge ante este título es: ¿Qué necesidad hay?. Parecería ser que la mayoría de las mecánicas y las decisiones estéticas son justamente eso, estéticas. Adornos puestos para sorprender o darle una intencionalidad que no tiene. Este juego es una gran cáscara pretenciosa que busca convertirse en un mensaje pero no tiene contenido real. Por ejemplo, hay una mecánica de “cambio de género” donde nuestro personaje necesita cambiar su sexo cada determinada cantidad de tiempo. ¿Por qué? No queda claro. ¿Qué ventajas tiene esto? Ninguna. Es sólo una característica puesta para escandalizar a alguna señora puritana entrada en edad, o generar polémica quizás una década tarde.

La mayoría de los usuarios y colegas que calificaron a este juego positivamente, hablan desde las primeras impresiones y no desde un endgame. Por empezar, la misión principal -la única que tiene- está rota y no se puede terminar. ¿Error? por lo expuesto antes, y en base a las “señales” que dan los desarrolladores dentro del juego, tendemos a pensar que esto es así a propósito, para reforzar este “chiste” e ironía de perseguir un sueño que nunca se realizará. Si existe un diccionario español-hipster, por favor facilítenlo, porque a este juego no se le entiende una palabra de lo que dice.

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Acerca de Damián Centrone

Periodista de formación, publicista de profesión, gamer de corazón. Desde el descubrimiento del Atari 5600 a sus tiernos 7 años, sobrevivió batallas épicas, resolvió enigmas indescifrables y exploró inmensos mundos pixelados. Hombre de familia. No toma rehenes.
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