Crusader Kings II: Haz que tu dinastía perdure eternamente

Pocos juegos de estrategia son capaces de reflejar las intrigas y la trama social y política del medievo como lo hacen los desarrolladores de Paradox, mejorando y profundizando en muchos aspectos con respecto a su predecesor, Crusader Kings.

Entre sus grandes logros se encuentra su adaptación a los tiempos en los que está basado, que sin los DLC abarca desde mediados del S XI hasta el S XIV. Lo fundamental no será ponernos a los mandos de un reino y dirigirlo, sino mantener en una posición de poder a nuestra familia, pudiendo abarcar la misma multitud de territorios e incluso varios reinos. Para ello tendremos que tejer alianzas con otras familias a través de los matrimonios, conspirar para eliminar rivales, justificar reclamaciones para acceder a nuevos títulos nobiliarios y tierras etc. Los aficionados a Juego de Tronos acaban de encontrar su media naranja en el mundo de los videojuegos.

Como Paradox acostumbra en sus títulos de estrategia contaremos con un completo interfaz para realizar estas tareas y muchas otras, como la organización de la guerra y la recaudación de impuestos. En las primeras horas de juego este interfaz puede llegar a resultar algo abrumador, aunque para eso se ha habilitado un tutorial que nos explica las diferentes pestañas del juego y facilita la labor de adaptación.

Antes de preocuparnos del reino, lo primero es asegurar la continuidad de nuestra dinastía, si no perderemos la partida

A nuestra disposición estará cualquier personaje de los diferentes reinos medievales, desde condes hasta reyes. Según los objetivos que queramos marcarnos y la dificultad con la que queramos iniciar la partida, podremos escoger personajes más o menos relevantes. Los personajes elegibles tendrán ciertas limitaciones si no tenemos algunos de los DLC. Por ejemplo, si no disponemos del DLC de The Old Gods, no podremos manejar a los personajes vikingos. Así ocurrirá con las repúblicas mercantes de Italia, los reinos árabes y los indios.

Una vez iniciada la partida, cada personaje tendrá sus propias ambiciones y relaciones con otros nobles y esto va a ser un aspecto determinante a la hora de mantener nuestra dinastía a flote. Cada personaje tendrá también sus propias estadísticas y características personales que se irán desarrollando a lo largo de su vida.

Cada territorio tiene un determinado número de espacios en los que podremos tener villas, castillos u obispados

Nada más empezar nuestra partida tendremos que poner en orden multitud de cuestiones. En primer lugar la elección de nuestro consejo: nuestros nobles más allegados que nos ayudarán a mantener nuestras posesiones en paz. Hay varios sillones que tendremos que llenar con las diferentes ocupaciones. El del canciller, que es el encargado de las acciones diplomáticas, nos permitirá reclamar títulos y mejorar relaciones con otros nobles. La puntuación de diplomacia del canciller se apilará a la de nuestro noble configurando la diplomacia del reino, la cual determina la posibilidad de éxito en nuestras acciones. Seguido de este tendremos la posibilidad de designar un mariscal, con la capacidad de suprimir revueltas, aumentar el porcentaje de las levas y ayudar con las investigaciones militares en una zona. Los demás sillones, el recaudador de impuestos, el maestro de espías y el obispo, funcionan de la misma manera que los dos primeros, usando un atributo único y permitiéndonos realizar acciones muy útiles para potenciar la proyección de nuestra familia.

Podemos hacer que el mapa nos señale el territorio que controlan las diferentes familias

Tendremos que guardar un fino equilibrio entre la selección de familiares, para mantenerlos contentos y preservar el poder de nuestro linaje, y los más competentes para los puestos de gobierno. Pero lo que tal vez tenga una influencia mayor son sus intereses y relación con nosotros. Que nosotros designemos a alguien para estar en nuestro consejo no significa que automáticamente nos vaya a ser leal. Es más, si no tenemos cuidado podemos encontrarnos con la paradójica situación de que el maestro de espías se convierta en nuestro enemigo, incluso que llegue a liderar una facción que trate de arrebatarnos títulos nobiliarios o el reino.

Otro de los aspectos destacados es la pestaña de leyes que también podemos encontrarla en el retrato de nuestro personaje. En ella, podremos modificar los impuestos a las diferentes clases sociales con los consiguientes efectos en las relaciones que tengamos con los personajes afectados. Tendremos la posibilidad de cambiar leyes de sucesión, pudiendo por ejemplo permitir que las mujeres tengan el mismo derecho a heredar que los hombres.

Haciendo click en el retrato de nuestro noble tendremos una vista general de los familiares y herederos, así como de las habilidades y características de nuestro personaje

La línea sucesoria nos va a dar más de un quebradero de cabeza. Cuando un personaje muere, según las leyes de heredad que hayamos escogido nuestras propiedades podrán repartirse entre nuestros hijos, ir todo al primogénito, incluso someter a votación quién heredará los títulos del fallecido. Cuando el personaje que controlemos haya muerto, su prestigio y piedad serán transferidos en forma de puntos al linaje familiar, lo cual medirá nuestra influencia en el mundo. Asimismo nosotros pasaremos a controlar al heredero.

El prestigio es un valor fundamental en Crusader Kings II. Además de convertirse en puntos de linaje una vez muera el personaje, también nos permite realizar una serie de acciones diplomáticas, como por ejemplo crear un nuevo título, ya sea ducado o reino. La piedad por su parte funciona igual que el prestigio pero nos sirve para llevar a cabo acciones religiosas.

El dinero, que no podría faltar en un título de estrategia como este, va a ser imprescindible para la construcción de edificios en las propiedades bajo nuestro dominio y un elemento clave junto al prestigio para concretar la creación de nuevos títulos.

Cuando estemos convocados a una cruzada, aparecerá una bandera junto al retrato de nuestro personaje

En cuanto al apartado militar, también aparece reflejado fielmente. Nuestro ejército se nutrirá de levas, que abarcarán a un mayor o menor porcentaje de población de una clase social según la legislación que apliquemos. Cada tipo de asentamiento (castillo, villa y obispado) dentro de nuestros dominios tendrá una población en la que predominará una clase social. Para las cruzadas en las que participemos estarán disponibles unidades religiosas especiales que podremos contratar.

Y como no la pestaña de intriga va a permitir que realicemos complots para usurpar títulos de otros personajes o disminuir su influencia, y a la vez encarcelar o asesinar a nobles incómodos que sean un peligro para nuestra estabilidad.

Gráficamente y sonoramente el título está también cuidado y nos permite vernos inmersos de forma completa en la ambientación del juego.

Como contrapunto Paradox vuelve a hacer uso de una práctica que se está generalizando últimamente. Crusader Kings II es uno de los títulos que más DLC ha sacado, todos ellos de pago. Es más, si juntamos todos los DLC, estos superan con creces el precio del juego original. Si realmente había tantos contenidos por añadir podrían haber retrasado el lanzamiento del juego o sacar alguna expansión posteriormente, pero la cantidad de DLC que hay actualmente es abusiva.

En definitiva, Crusader Kings II  es un RTS de alta estrategia que nos permitirá jugar multitud de horas sin aburrirnos y ofreciendo miles de posibilidades. No es casualidad, que pese a que los juegos de Paradox van orientados a un sector muy concreto de los jugadores de estrategia, este haya superado ya el millón de copias siendo la media de horas de juego de los gamers superior a 99 horas.

Crusader Kings II está disponible en g2a junto a una buena cantidad de DLCs por 19,95€. En Steam está ahora mismo sin ningún DLC por 39,99€.

Comparte y colabora:Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someoneShare on LinkedInShare on Google+Pin on PinterestShare on TumblrShare on Reddit

Sobre Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
Añadir a favoritos el permalink.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.