[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo VIII)

Tres visitas tendrás


Diarios de Sherezade II de Afar (extractos)

Coronación

Mi nombre es Sherezade II y tal como hice en mi juventud con la muerte de mi padre, hoy, el día de mi coronación, vuelvo a acudir a las letras para despejar todos mis temores y dudas. Al igual que hice cuando mi querido padre y maestro, Sisay, abandonó este mundo dejando frágiles cual castillo de arena los corazones de todos aquellos que le amábamos, retomo esta afición con la intención de que pueda servirme para endurecer mi temple. Estas tierras necesitan ser gobernadas con raciocinio y la audacia necesaria para cazar panteras, que aunque debilitadas, siguen siendo amenazadoras y necesitan de ser domadas y amaestradas por la civilización. Si convierto mis amenazas y turbaciones en literatura lograré dominarlas como ya he hecho antes.

No pretendo que esto sea un testimonio de mi vida, para ello ya he encargado a los cronistas que trabajen en ello, para aportar la documentación y dedicación suficiente a una tarea que hará que nuestra casa resista con salud al tiempo que todo lo erosiona. Ni siquiera sé si dejaré que alguien llegue a leer esto algún día…

Amsha

Ella es mi hija predilecta. Su belleza hipnótica es la menor de sus cualidades. Es despierta, amable y afectiva. Su educación y cortesía no hacen que caiga en la confianza ciega ni en la inocencia. Su lealtad y fidelidad a la casa supera a muchos de los varones del linaje y no puedo evitar pensar con frecuencia que es una lástima que no haya nacido varón. Habría tenido verdaderas dificultades a la hora de decidir a quién entregar el reino, si a ella o a mi hijo Sisay.

Siempre ha sentido admiración y amor por mí. Cuando decidí convertirla en esposa del califa del Imperio Árabe no respondió como lo hubiera hecho cualquier otra mujer de la corte, imaginando con una sonrisa onírica la cantidad de joyas que podría vestir y la envidia que despertaría en las féminas nobles de todo el mundo. No figuró sorprendida y a continuación me dijo: -Padre, seré vuestros ojos y oídos en la corte. Haré todo lo que esté en mi mano para cimentar esta alianza duradera. Sólo tengo el gusto amargo de dejar mi hogar, pero me quedo más tranquila sabiendo que mi nombre y el de nuestra casa pervivirán en la inmortalidad gracias, al menos en una pequeña parte, al papel que desempeñe.

La recordaré siempre y no sólo en un día triste como hoy, donde su pérdida se siente punzante como un puñal, sino por todo lo bueno que ha dado a la dinastía Assabi. He ordenado que la entierren en la cripta, junto a mi padre, donde algún día yo yaceré. También he ordenado que antes de que el cuerpo deje de ser su bella estampa, lo inmortalicen una vez más. Colgaré sus retratos en palacio…

Sisay

Padre e hijo, a los dos he perdido. Los dos honorables, los dos valientes. Pero ¿de qué le ha servido el valor a mi hijo? Ahora está muerto por defender a nuestra casa de mi tío El Bastardo. Ese malnacido, sin ser nadie, hijo de una cualquiera que por mi buena voluntad sirvió tantos años como mariscal. Confié en él sin ver su avaricia, que le llevó a amotinarse como un vulgar campesino pero con la osadía de reclamar el trono. ¡Ja! ¡Iluso! Y sin embargo ha segado la vida de mi hijo con su aventura. Igual que mi hijo ha muerto sufriendo por las heridas en batalla él pagará con su vida. Pero no lo hará rápidamente, se pudrirá en el calabozo, acuciado por los males y enfermedades de los peores malhechores…

El niño

Tres veces lo he visto y la intuición y el instinto me dicen que mis ojos no volverán a verlo. La primera vez poco antes de la terrible noticia de la muerte de mi querida hija. No podía dormir por el calor de la noche y fui al patio a escuchar el agua de la fuente. Desde muy pequeño siempre me había relajado pese a que se rumoreaba que estaba encantada. Ni siquiera de niño creí en esas leyendas, hasta que lo vi con mis propios ojos. Un niño, moreno y pequeño, que no tendría más de 5 años. Allí estaba, sentado junto a la fuente, cobijado en la oscuridad. Me hizo un gesto con la mano y la curiosidad pudo al miedo en ese instante. Al acercarme me topé con una imagen horrenda: sus cuencas estaban vacías y donde debían estar las orejas no había nada. No pude resistir el miedo y huí como una criatura cuando siente el peligro.

Tras la victoria contra El Bastardo pasé varias semanas con pesadillas. Con mi hijo Sisay en palacio, sus heridas supurando a cada momento, me era difícil encontrar la paz. Finalmente decidí aventurarme a la fuente de madrugada. En mi interior se mezclaban sensaciones tan contradictorias como el sosiego y el miedo. Tenía la intuición, de que sucediera lo que sucediese, allí encontraría respuestas. Volví a ver la silueta, en la misma posición que años antes. Cuando me acerqué ante su gesto, cargado de más valor que la anterior vez, vi que algo había cambiado desde nuestra anterior visita. Su brazo derecho había desaparecido por completo. Aunque no podía mirarme, yo notaba como si lo hiciera, y me pareció distinguir una mueca triste. No sé por qué lo hice, pero me senté allí a su lado y lloré desconsoladamente. Unos días después, mi hijo abandonó su agonía y dejó este mundo.

Ayer volví a encontrarme con él. Estaba pálido y cuando me senté junto a la fuente me percaté de que se había borrado cualquier parecido con los seres de este mundo. Entre un amasijo de carne pútrida y hueso, que de manera desconcertante olía a azahar, se escondía aquel niño. Nunca había abierto la boca, pero ese día habló para explicarme quien era. No podía dar crédito. Luego, con su esquelético brazo izquierdo dejó caer lentamente arena del desierto en mi mano. Sabía lo que significaba, pero pese a que muchas veces había temido este momento, ahora me encontraba tranquilo y en paz.

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Sobre Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
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