[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo II)

Las apariencias engañan

Rahmed Assab- Memorias II

A consecuencia de esta guerra tuve que afrontar una de las mayores desgracias que le puede suceder a un padre: perder a su hijo. Aunque la guerra terminó en el 259, el rey Anbasa no liberó de manera inmediata a los prisioneros.

Demostrando una completa falta de humanidad y los valores putrefactos de su falso dios se negó a liberar a mi hijo Alí, a pesar de que ofrecí pagarle un rescate. Este falso rey, este demonio, no tuvo suficiente con esto, sino que como más adelante me enteraría por uno de los miembros de la corte de Anbasa, mantuvo a mi hijo encerrado como un vulgar criminal en vez de tratarlo como un prisionero de guerra de su posición social. Todavía muy pequeño para soportar esas duras condiciones, perdió la vida en el 260.

No iba a dejar que este hecho quedara sin consecuencias. Como por la vía militar era un suicidio, envié algunos espías a la corte del detestable Anbasa para buscar aliados y poder otorgarle su merecida condena. Con la victoria en la guerra, las fisuras entre los nobles y sus señores eran prácticamente nulas, pero estaba dispuesto a ser paciente y esperar a que se presentara la oportunidad. Durante los siguientes años se convertiría en la obsesión que hizo que mi carácter se endureciera.

No obstante esto me permitió ver algunas cosas con más claridad. Cegado por el amor había nombrado a mi esposa como máxima autoridad entre los espías cuando otros cortesanos comenzaban a demostrar un mayor talento. Lo había hecho para relevar a un incompetente, pero eso no la hacía lo suficientemente buena. Hizo diversos viajes a Constantinopla para observar sus construcciones y sus avanzadas técnicas militares que en aquellos tiempos eran envidiadas en todo el mundo. Los resultados fueron nulos y mi paciencia comenzaba a agotarse, hasta que finalmente se presentó la oportunidad. Nizam se presentó un día en mi despacho solicitando el cargo de maestro de espías. Había hecho méritos para ello, consiguiendo cuando se lo pedí información de la corte del rey Anbasa. Lo hizo de manera limpia y sin levantar sospechas. Cortés, pero seguro de las palabras que iba a pronunciar, me dijo que, guardando el respeto por mi persona y la de mi primera esposa, pensaba que esta última estaba retrasando los avances de nuestra región porque era incapaz de fijarse en los detalles y retenerlos. Al ser mi mujer, argumentaba, tampoco podía usar sus dotes para sonsacar más información. Si quería saber más sobre el armamento y tácticas bizantinos, así como del mantenimiento y construcción de las infraestructuras erigidas en los años gloriosos de Roma, debía usar dichas dotes, indignas de una mujer de su posición, o ser un hombre que se hiciera respetar. Nizam proponía crear una red de espías con lugareños de las clases más bajas, que estuvieran dispuestos a ser sus oídos y sus ojos por algo de dinero.

La idea me convenció y fue la excusa perfecta para destituir a mi primera esposa, que ahora podía estar de manera más frecuente conmigo en Assab y atender de mejor manera a sus deberes. No le gustó demasiado, pero como tuvo que hacer Iskinder en el pasado, asumió mi decisión. En unos meses lo olvidó, especialmente cuando le regalé unas joyas preciosas en el periodo del Ramadán.

Estas fechas sagradas tan señaladas en nuestro calendario, y características por el ayuno que se extiende del más alto noble al pordiosero más haraposo, las usé en multitud de ocasiones durante todo mi reinado para dar ejemplo a mis súbditos. Nuestra familia ha sido elegida por Alá para hacer respetar sus tradiciones y debemos ser los primeros en mostrar respeto por las mismas. Para cambiar el ánimo de la corte y librarla de las pesadas cargas del pasado, no era suficiente con las remodelaciones internas, había que dar ejemplo y hacerlo con la máxima publicidad. Los efectos de este gesto se llegaron a notar hasta en la recaudación de impuestos, que aumentó levemente gracias a lo motivación que generó entre los súbditos.

Mientras yo me dedicaba a regenerar la corte los infieles volvían a hacer de las suyas. Crecidos por la victoria militar emprendieron una cruzada para la conquista del reino hermano de Harar, ubicado al este de los dominios de Mirza. Por aquel entonces el emir había publicado unos documentos, elaborados durante meses por los escribas de la corte, que emparentaban sus dominios con el antiguo reino de Afar. Alegando que eran profundos lazos de sangre los que lo unían con él, se proclamó rey. Este hecho apuntaló el prestigio de Mirza y su posición, que ya por aquel entonces era sólida, pero no hubo ningún cambio con respecto a los dominios del emirato.

En el año 262 Harar estaba pasando verdaderos apuros y había perdido su capital a manos de los infieles. Si la situación no cambiaba, Harar acabaría dominada por el infiel Anbasa y los siguientes en ser engullidos seríamos nosotros. Lo comentamos en varias reuniones del consejo y defendí fervientemente que debíamos intervenir en la guerra. En ello iba nuestra supervivencia, y si tenía suerte, la posibilidad de capturar al rey Anbasa y devolverle el mal que había hecho a mi familia.

Supe que el momento había llegado cuando llegó a Harer, la capital de Afar, una carta del rey de Harar solicitando ayuda desesperadamente. Fue la primera vez que formamos una coalición tan amplia contra los cristianos. A nuestras fuerzas se sumaron las del emir de Saná, situado al norte de Assab y las del Jeque de Adén, provincia que da nombre al golfo. Fue una guerra dura en la que perdimos muchos hombres. No obstante a pesar de nuestro número limitado de tropas supimos hostigar al enemigo de forma constante impidiendo que sus ejércitos se agruparan, dando tiempo suficiente a nuestros aliados para unirse e infligir una derrota decisiva al rey Anbasa. Su derrota humillante despúes de 4 años de guerra no me satisfacía, ya que no hubo oportunidad de capturarlo y castigarlo debidamente, pero sí era un pequeño escalafón más en mi venganza.

Poco antes de firmar la paz con Anbasa, el reino de Shewa, limítrofe con la capital de Afar, nos declaró la guerra en una maniobra oportunista que pretendía sitiar rápidamente la capital. Con lo que no contaba este mediocre rey, es que la hermandad de los reinos del islam ya había dejado una huella profunda en la zona. Rápidamente las tropas del emir de Medina acudieron en nuestra ayuda frustrando los intentos de invasión en el 267. Un año después se inició el contraataque que se saldó con la conquista de Ankober, pero por aquella época mi mente estaba centrada en otros quehaceres.

Mientras mis planes de venganza continuaban en la sombra de mi corte se urdía una terrible conspiración. Los más avispados miraban pero permanecían en silencio por miedo a las consecuencias que podría traer que su denuncia no fuera creída. Fue de nuevo Nizam, que ya había establecido una red de espionaje en la capital bizantina, quien tuvo el valor de decírmelo a la cara sin aparente temor a las consecuencias.

Empezó la conversación ofreciéndome alguna información de la corte del rey Anbasa, cuya figura después de la derrota no era ya tan valorada. Rápidamente deslizo sus sibilinas palabras hacia mi fallecido hijo Alí y de ahí fue a parar a mi heredero, Tewodros, o como todo el mundo lo conoce, Sherezade. Me sugirió que debía valorar más lo que todavía permanecía en este mundo, que muchas veces se podía evaporar de la noche a la mañana.

Cuando le pregunté, enfadado y a punto de llamar a los guardias, si eso era una amenaza, Nizam simplemente me contestó que no debía culpar a los búhos por permanecer de vigilia, sino a aquellos que, durmiendo en la misma cama, se deslizan siseando para realizar un pecado capital. Iskinder no tuvo muy buen ojo con esta -añadió antes de pedir permiso para retirarse.

Durante varios días estuve pensativo y para no precipitarme decidí vigilar más de cerca a mi primera esposa, Ibtisam, en la que había llegado a confiar tanto como para nombrarla maestro de espías de mi corte. Ahora todo estaba borroso, nublado, y me hallaba completamente desorientado. No podía creerlo y de hecho en el día a día no veía indicios, pero a la vez sabía que la conversación con Nizam no había sido gratuita. Pasaron los meses sin distinguir ningún intento de acabar con la vida de Sherezade y empecé a descuidar mi vigilancia para retomar mis tareas como gobernante. Fue en ese instante cuando la catástrofe sucedió. Como una ironía del destino, mi hijo Tewodros (no mi heredero, sino mi chiquillo de cuatro años), tomó un sorbo de té destinado a Sherezade. Varios miembros de la corte aseguraron que Ibtisam había insistido en preparar ella misma el té y así fue como la cruda realidad me abrió los ojos.

Antes de que pudiera escapar la guardia la apresó y en el mismo instante en el que la llevaron ante mí ordene su ejecución. No me sirvieron sus suplicas y lamentos, que sólo contribuyeron a aumentar mi furia. La llevé a las afueras del palacio y delante de algunos cortesanos y sirvientes, la mandé decapitar, presenciando así el final de mi primera esposa. No merecía ni siquiera una sepultura por su infamia, así que decidí darle un mayor significado al Mar Rojo y lanzar su cadáver a las profundidades.

Quizás, ahora que me paro a reflexionar, fue una acción excesiva, pero el haber perdido dos hijos en tan poco tiempo y uno de ellos a manos de mi propia esposa hizo que mi respuesta no fuese capaz de ser comedida.

Cuando estuve recuperado y hube consolado debidamente a la sufrida Semeah, madre de Tewodros, volví a mis labores como jeque encontrándome con un panorama beligerante y tenso. El reino de Absinia se había fortalecido adquiriendo lo que quedaba de Shewa y el estallido del conflicto parecía sólo cuestión de tiempo.
Encarcelamiento y ejecución

Comparte y colabora:Tweet about this on TwitterShare on FacebookEmail this to someoneShare on LinkedInShare on Google+Pin on PinterestShare on TumblrShare on Reddit

Acerca de Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.