[Crusader Kings II] AAR. La dinastía Assabi (Capítulo I)

Los comienzos siempre son difíciles

Rahmed Assabi –Memorias I

A mi edad sería difícil hacer un bagaje de lo que ha sido mi vida sin dejar muchas cosas en el tintero, por lo que el legado que deje a las futuras generaciones será de los acontecimientos más relevantes y también de las lecciones y los objetivos para mantener esta novel casa, la de los Assabi, en su ascenso hasta la inmortalidad.

Me puse al frente de estas tierras con la edad de 16 años, pero ya entonces tenía claro que no seguiría los mismos pasos que mis antecesores, débiles y decadentes seres que afortunadamente dejaron este mundo sin que tuviera que soportarlos durante demasiados años. Sin ninguna ambición, dejaron la tierra de Assab sin aliados ni relaciones con otros jeques, abandonándola a su suerte y a merced de los cristianos.

Como cualquier gobernante serio, después de tomar posesión inicié la preparación de un viaje a La Meca acompañado de Yohannas, uno de mis cortesanos. Necesitaba regenerar el espíritu de la corte, rancio y envilecido por el peso de las generaciones pasadas y un buen comienzo era llevar compañía en mi peregrinaje.

Pero antes de eso, debía dejar atados algunos cabos sueltos en Assab. Para que nuestra familia pudiera ensancharse necesitaba encontrar mujeres fértiles y de provecho. No eran tan importantes sus lazos políticos, siempre y cuando estuvieran relacionadas con la nobleza, como sus virtudes. Ordené a Iskinder, mi maestro de espías por aquel entonces, que buscara mujeres virtuosas para traerlas a mi corte como esposas. Iskinder era un hombre mediocre, que arrastraba todo el tufo rancio que durante las pasadas generaciones había anidado en la corte, acabando con toda iniciativa y viveza. No obstante, no le estaba pidiendo retener informaciones sobre el enemigo ni arriesgar su vida, sino simplemente utilizar sus ojos y sus sentidos y transmitirme la información para que yo tomara una decisión.

Los resultados fueron satisfactorios en apenas unas semanas y pronto pude concertar los matrimonios con gobernantes de tierras lejanas y próximas, pero todos ellos unidos bajo la bandera del Islam. Conocer a mis esposas fue una gran alegría que alivió mi nerviosismo antes de partir a la Meca. Ibtisam, mi primera esposa, despuntó rápidamente en la corte y se integró a la perfección. Poco tiempo después de su llegada a la corte, me dio la excusa para deshacerme de Iskinder. Sus cualidades como maestra del espionaje superaban ampliamente a este figurín anclado en el pasado. No tuvo más remedio que agachar la cabeza y asumir mi decisión. Por otro lado, Shahzadah y mis dos queridas Semeah se convirtieron en la alegría de la corte y ya en aquellos tiempos presagiaban una auténtica oda a la fertilidad.

El viaje a la Meca me permitió centrarme y reflexionar. Si quería que nuestra familia perdurara en el tiempo no podía buscar atajos ni soluciones milagrosas, ya bastante hizo Alá mostrándome el camino a seguir. En mi peregrinaje lo pude ver, todos vestidos de la misma manera: cortesanos, jeques, emires e incluso el mismo califa podría haber estado allí. La religión era un poderoso aliado para cohesionarnos. Aunque el cristianismo se había asentado cerca de nuestras fronteras, en el continente la religión mayoritaria era el Islam. Alá abandona a aquellos que se pierden en el orgullo y era lo que podía ocurrir a nuestra familia y tierra si nos obcecábamos en permanecer en solitario.

rahad peregrinacion

Los cristianos miafistas, una de las variantes de los infieles, pronto demostraron su beligerancia y su intención de aumentar el poder del reino de Absinia en el nombre de Cristo. La primera víctima fueron los asayitas de Afar, que no se habían preocupado por buscar aliados ni relacionarse con sus hermanos de religión. Fue como una señal del cielo, que se sumaba a todo lo que venía reflexionando desde la Meca. Por eso decidí jurar mi lealtad al emir Mirza allá por el año 252. Como un guiño celestial el prestigio de nuestra familia se disparó. Poco después de ponerme al servicio de Mirza, fui requerido en Harer, la capital del emirato, para servir como mayordomo encargándome de mejorar la economía de la región.

Por aquellos tiempos echaba de menos poder visitar más los territorios de Assab. Para suplir este vacío hacía venir frecuentemente a mis esposas para que me dieran parte de todo lo que sucedía en mis dominios. Estas visitas las aprovechábamos para dar rienda suelta a los placeres de la vida y a mis obligaciones como cabeza de la dinastía. Fruto de estos encuentros nació mi hijo Alí en el año 253. Fueron momentos felices que habrían de tener su fin muy pronto.

La tranquilidad duro poco, y unos meses después de conocer el nacimiento de Alí, el emir planificaba una guerra a gran escala. El verano del año siguiente, en el año 255, a pesar de mi insistencia en que debíamos prepararnos mejor y recabar más apoyos, estalló la guerra santa por la conquista de Axum. Fue una guerra infructuosa que trajo sufrimiento y humillación a nuestra dinastía. El poder militar de nuestra tierra era ínfimo en la contienda y a pesar del empuje inicial las tropas del emir fracasaron en su ofensiva. Assab tuvo que soportar una dura contraofensiva y cayó en manos infieles. Los miembros de nuestra dinastía se vieron obligados a esconderse. Mi hijo Alí fue hecho prisionero cuando nuestra guarnición se desmoronó.

rahad derrota en assab

Aunque la situación fue dura, no todo fue negativo durante aquella época y a la vez que se arrebataba de mis brazos a Alí, mi hijo Tewodros nació sano e inmediatamente lo llevaron a Harar para que pudiera verlo. No lo separé de mí hasta el fin de la guerra y decidí cambiar su nombre por el de Sherezade, para que en el caso de que la información llegara a los cristianos, no pusieran demasiado interés ya que si era una mujer no tenía ninguna posibilidad de heredar mis tierras. Tal fue el secretismo que para evitar que se descubriera la treta sólo mi esposa lo cambiaba y cuidaba sin la ayuda de ningún cortesano o sirviente. Esto es lo que provocó que el nombre conocido de mi hijo fuera Sherezade en vez de Tewodros. Este último se convirtió en una forma familiar y cercana de dirigirse a él.

Nuestra inevitable derrota se firmó a finales del 259, dejando nuestras fronteras como antes de la guerra. No sucedió lo mismo con la reputación del emirato. Esta se hundió ante el mundo civilizado y frente a los cristianos, que pasaron a tomarnos como una amenaza menor.

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Sobre Alvaro Alonso Flor

Licenciado en periodismo y activo en el mundo de los videojuegos desde 1995. Jugador de consolas, Android y PC, especializado en estos dos últimos ámbitos. Nostálgico de la Dreamcast y de su mayor obra, Shenmue.
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2 Comments

  1. ¿Sacarás el análisis del nuevo dlc del CK2?

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